en Lengua, Rebeca

3.Último testigo

MAFIA-BRANDO

Está bien Jerónimo, ahora quiero que te sientes y me lo cuentes todo otra vez.- Dijo el Policía de una manera amable. Yo me encontraba bastante nervioso, en el camino a comisaría me di cuenta de que habíamos podido morir. Nos estaban entrevistando por separado a los dos, supongo que por una cuestión de protocolo pues el agente era el padre de Miguel.

La mesa estaba desordenada, llena de fotos, fichas policiales y una jarra de café reseco. Cuando le conté lo del día anterior, con las fotos y la persecución, él intentó no darle importancia. Aun así me fijé en cómo se le iban marcando las arrugas de la cara conforme se lo iba contando, sin duda me estaba ocultando algo.

Cuando salí de comisaría Rebeca estaba esperándome en un banco.

– Qué les has contado? me dijo inquisitoriamente.

– Todo Rebeca, todo, estaba muy asustado.

-Menos mal. Yo también, pero ahora tengo como remordimientos, no se si hemos hecho bien en contar lo de las fotos, seguramente lo del incendio fue solo una casualidad.- Reconocí en su cara que también me estaba mintiendo, o quizas autoengañándose.

– Volvamos a casa.

En el camino de vuelta una gran limusina negra y alargada se puso en paralelo a nosotros y bajó la ventanilla.

– Hola guapa, te llamas Rebeca ¿verdad?- Nos preguntó el desconocido. -¿Os importaría subir un momento? Tengo una cosa realmente importante que enseñaros.

Los dos nos quedamos paralizados y sin saber que decir. Del interior del coche salía un olor fuerte a tabaco, sin embargo él y el chófer iban muy bien vestidos. Con el pelo engominado y un mechon blanco en mitad del flequillo.

-Vamos chicos, no os asustéis, no vamos a haceros daño.- He escuchado muchas veces eso a lo largo de mi vida, pensé,  y al final siempre me ha dolido.

– Si quisiéramos haceros daño bajaríamos del coche y os llevaríamos a la fuerza, fijaros que no hay nadie ahora en la calle. Además, os vais a divertir muchísimo con mis nietos, son de vuestra edad.

Empecé a palpearme los bolsillos en busca de mi móvil, me lo dejé en clase con la urgencia del incendio. No me lo podía creer, la segunda vez en el día que estaba cagadito de miedo, realmente no había nadie alrededor. Nos miramos a los ojos entendiendo que no había escapatoria posible, además quizás no fuera una mala persona. El chofer salió educadamente y nos abrió la puerta de la cabina. Dentro estaba sentado este hombre mayor, mostrándonos un amplio asiento. Había una mesita con Sandwiches y refrescos. Justo detrás del chófer había una pantalla plana con mandos de consola y el icono de Nintendo.

-Vamos chicos, decidíos, ¿subís o no?

(Sigue la historia por aquí).

4. La historia la escribes tú.

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